CONTEXTO Y LITERATURA.
EL ROMANTICISMO
En la primera mitad del siglo XIX se originaron grandes tensiones en Europa: la política, junto con ciertas revoluciones de signo liberal, aparecen movimientos reaccionarios que pretenden restaurar el Antiguo Régimen; la economía está marcada por la revolución industrial, y la burguesía, protagonista de éstos cambios, verá su posición amenazada hacia 1850 por una nueva clase social, el proletariado.
Durante este periodo, España experimentará momentos de inestabilidad política que impedirán su verdadero desarrollo y que determinarán la tardía implantación del Romanticismo.
MENTALIDAD ROMÁNTICA Y LITERATURA.
Frente al equilibrio clásico, las normas y el didactismo dominantes en el siglo XVIII, los románticos defendieron la originalidad. Se concibe al artista como un ser dotado de un genio creador que no debe ser coartado. La libertad en la vida y en el arte es base del pensamiento romántico.
Los autores románticos concretan esta mentalidad en los siguientes rasgos:
1) el subjetivismo y el individualismo: los sentimientos y deseos dominan la literatura: el ansia de libertad y el amor se transforman en ideales de vida. El amor romántico adquiere con frecuencia matices trágicos; es una pasión que se enfrenta a diversas barreras o un ideal inalcanzable. El sentimiento amoroso aparece a menudo truncado por normas sociales o por un destino adverso. Sin embargo, se plantea como una fuerza a la que el hombre tiende inevitablemente.
Además del sentimiento, la literatura acoge otros elementos no racionales, como la fantasía, la imaginación o el sueño. Asimismo, el individualismo se refleja en la importancia del tema de la soledad: el hombre se siente aislado y diferente.
2) la proyección de la naturaleza: como consecuencia de la primacía de los subjetivo, los escritores buscan en la naturaleza un confidente. El paisaje a menudo refleja sus estados de ánimo atormentados: ambientes nocturnos, lugares agrestes, ruinas, tormentas.
3) el enfrentamiento con la realidad: el idealismo romántico produce un choque entre los deseos y la realidad. Este contraste ocasiona a menudo decepción, angustia, desengaño y escepticismo en el individuo. El rechazo de las circunstancias presentes se traduce con frecuencia en una defensa de la justicia social o en un deseo de evasión hacia tiempos pasados y lugares exóticos.
4) El gusto por lo sobrenatural y misterioso: la muerte, los cementerios, y los ambientes misteriosos son muy frecuentes en la literatura. El romántico se siente atraído por todo lo que la razón no es capaz de explicar. Así, el mundo y el destino humano son concebidos, precisamente, como una incógnita y parecen estar dominados por la irracionalidad. La religión y el más allá se tratan, según el tipo de romanticismo, con diversos grados de ortodoxia
5) el interés por lo popular y lo nacional: Los románticos acogen todo aquello que interpretan como manifestaciones genuinas del alma de los pueblos. La historia, los romances, las leyendas. Los géneros preferidos de los románticos son el género lírico y el dramático, pues constituyen el cauce idóneo para mostrar los sentimientos. En la prensa, el talante crítico se manifiesta en el periodismo de opinión. Así también, el rechazo de las normas se aprecia en la mezcla de géneros.
Respecto al estilo, el romanticismo utiliza con frecuencia un lenguaje retórico, que contribuye a subrayar los sentimientos y aporta intensidad expresiva.
EL REALISMO.
Durante la segunda mitad del siglo XIX se produjeron en Europa importantes transformaciones políticas y sociales: el proletariado se organizó en movimientos obreros y sindicales inspirados en doctrinas como el socialismo, el marxismo y el anarquismo. Al mismo tiempo, crecía el poder económico y político de la burguesía, que se hizo más conservadora para mantener los privilegios.
El idealismo romántico es sustituido por el empirismo, que defiende la confianza en el progreso y en la ciencia. El positivismo, corriente filosófica dominante, se basa en la observación de los hechos y en la experimentación. Así, en el campo científico, surge el evolucionismo Charles Darwin, que explica la evolución de las especies como un proceso debido a la adaptación al medio, y se descubren las leyes de la herencia formuladas por Mendel.
LA LITERATURA DE LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX.
En el siglo XIX, como consecuencia del crecimiento de las clases medias urbanas y de la extensión de la enseñanza, aparece un público más numeroso. Predomina ahora un lector burgués que busca reconocerse en los personajes y asuntos de ficción, por lo que las preocupaciones y los ambientes de estas clases medias pasan a ser un tema literario central.
La literatura se convierte en una forma de vida de los escritores. Las obras están sujetas a las leyes del mercado, y el sustento del escritor depende de la aceptación que aquéllas tengan entre los lectores.
Durante la segunda mitad del siglo XIX la literatura toma rumbos esencialmente realistas. Sin embargo, hay que tener en cuenta que en esta época se desarrolla el posromanticismo de Bécquer.
El realismo surge por el rechazo de los principios idealistas de la estética romántica. A diferencia de los románticos, interesados por la interioridad, los escritores realistas se centraron en la descripción meticulosa de lo exterior. Así, el realismo se distingue por los siguientes rasgos:
1) Interés por la realidad: paralelamente a lo que ocurre con la ciencia, los autores recurren a la observación como procedimiento creativo. La novela, género predilecto del Realismo, se convierte en un importante documento social.
2) Contextualización contemporánea: el interés por la realidad inmediata se traduce en una localización espacio – temporal próxima al momento en el que se escriben las obras.
3) Tendencia a la objetividad y el verismo: se pretende presentar ambientes, comportamientos y diálogos reales o, cuando menos, creíbles. En correspondencia con este interés, abundan las descripciones y se procura que cada personaje se exprese a su educación y forma de ser. El estilo abandona el retoricismo romántico y presenta una expresión más sencilla que busca la fidelidad a la realidad retratada.
4) Intención crítica: la pretensión de objetividad no impide que la voz del autor y su intención crítica tengan un peso considerable en el relato. El narrador puede intervenir con sus propias observaciones acerca del desarrollo de los acontecimientos.
El importante desarrollo científico, sobre todo de la Biología y de las Ciencias Naturales, hace surgir en las dos últimas décadas del siglo una corriente literaria derivada del realismo, EL NATURALISMO, que no supone un movimiento distinto o contrapuesto. De hecho, fueron los propios escritores realistas los que incorporaron a su literatura las novedades de este movimiento iniciado en Francia por Émile Zola. Este último estableció las bases de su nueva estética conforme a ciertas corrientes de pensamiento que afirman que el ser humano no es libre, sino que está determinado por las leyes de la herencia biológica y por el influjo del medio.
Partiendo por estas premisas, el naturalismo se caracteriza por los siguientes rasgos:
1) Lleva a la literatura preceptos científicos: la obra se convierte en un método de estudio del comportamiento por lo biológico y lo circunstancial.
2) Siente interés por lo feo y lo sórdido: de esta forma, la enfermedad o la marginación suscitan gran interés en el naturalismo, que estudia su incidencia en el individuo. Este punto de vista se refleja directamente en sus formas de expresión: aumenta el léxico científico (especialmente médico) y recurre frecuentemente a pormenorizadas descripciones y fragmentos expositivos.


